Todo. O prácticamente todo. En las casas de subastas en Internet pueden conseguirse desde clips rotos, uñas con hongos, balones ponchados y animales muertos. También hay artículos útiles, nuevos, seminuevos, con la envoltura de fábrica, reconstruidos. También pueden comprarse vidas. Si alguna está en oferta, claro.
Retrovisión, por ejemplo, es un vendedor de coleccionables radicado en Guadalajara. Subasta y pone en venta directa, por MercadoLibre, figuras de acción de personajes de cómics, tarjetas de artistas de rock, sencillos de vinilo y pósters de películas. Es un vendedor común y, sobre todo, especializado en un rubro: cultura pop retro. Hay otros más diversos, como los que un día rematan un videojuego y luego ponen a la venta un volumen de una enciclopedia. Algunos más, los menos, venden su vida. Amistades incluidas.
eBay es una de las casas de subastas más famosas. Es dueña de MercadoLibre y de DeRemate.com, plataformas para la compraventa en el mundo de habla hispana. La popularidad de estos sitios y su penetración entre los usuarios de Internet les permiten promocionar casas residenciales en Valle de Bravo o en el Neuquén, Argentina, automóviles de colección, obras de arte de Picasso, momias, proyectores de cine, votos. Hay artículos raros, cierto, pero la última decisión es del interesado.
Un caso: el australiano Nicael Holt estudia filosofía. Tiene 24 años y su vida, desde el 24 de enero de 2007, no le pertenece. El nuevo dueño, si eso es posible, es ridderstrade, un usuario o usuaria —todavía no lo sabemos— quien pagó 5,800 dólares por el “artículo” que Holt subastó en eBay durante enero. La puja comenzó en 3.90 dólares (unos 45 pesos). Para Holt, se trata de un experimento que está dispuesto a dejar por escrito, para darle certeza al comprador de que poseerá la vida, el empleo, las amistades y las pertenencias del joven. Por supuesto, Holt se ha hecho famoso: la televisión australiana lo ha entrevistado varias veces y, en su sitio en MySpace, decenas de personas le han ofrecido hospedaje de Sudáfrica a Pittsburgh y lo felicitan por su arrojo. Hay uno delirante: Lucas le agradece por restaurar su “fe en que no todo está perdido en el mundo”.
Nicael Holt sólo espera que la transacción se lleve a cabo para firmar el contrato y despedirse de su vida. Habrá que estar atentos para saber en qué termina la historia. ¿Y si el nuevo dueño decide tirar el “artículo” a la basura? No sería mala idea.
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